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Viernes, 30 de Marzo de 2018 | 10:11Hs. | Política

Se cumplen 56 años del golpe que derrocó a Arturo Frondizi

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    Se cumplen 56 años del golpe que derrocó a Arturo Frondizi
Fue un golpe de Estado raro, el único que tuvo un presidente civil. Quizás por eso es el menos recordado entre todas las asonadas militares que desembocaron en la interrupción del orden constitucional y algunos hasta lo pasan por alto.

Fue el jueves 29 de marzo de 1962, apenas unas horas después de que el presidente Arturo Frondizi anticipara el desenlace en una carta dirigida al presidente de la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI), Alfredo García: "Tengo la firme decisión de enfrentar todo lo que puede sobrevenir. No me suicidaré, no me iré del país, ni cederé".

No fue una bravuconada sin sentido, ya que el 25 el propio comandante en jefe del Ejército, el general Raúl Poggi, le pidió la renuncia. De todos modos, Frondizi ya había cedido bastante después de la derrota electoral del 18 de marzo en la provincia de Buenos Aires, con la intervención de las provincias en las que había triunfado la Unión Popular (nombre adoptado por el peronismo proscripto) y la conformación de un nuevo gabinete para apaciguar las turbulentas aguas castrenses. No alcanzó, el 23 de marzo las Fuerzas Armadas reclamaron otro gabinete, la proscripción del peronismo más allá de su denominación partidaria y la expulsión de la Argentina del ex secretario de Relaciones Económico-Sociales, Rogelio Frigerio.

En 2018, con casi 35 años de democracia ininterrumpida, la situación parece inconcebible, pero era habitual en tiempos en los que los golpes de Estado eran una opción política más y a nadie le sorprendía que dirigentes de fuste se refirieran a ello sin tapujos.

La sociedad, mientras tanto, comentaba la situación y algunos tomaban partido, pero nada era tan importante como para interrumpir la segunda fecha del campeonato de fútbol de primera división, que se jugó sin inconvenientes el domingo 1° de abril, en el que Independiente empató 1 a 1 con el que luego se coronaría campeón, Boca Juniors.

La interrupción del orden constitucional tampoco fue suficiente para alterar la agenda del príncipe Felipe de Inglaterra, quien hasta tuvo tiempo de concurrir a la inauguración del edificio del Banco de Londres, diseñado por Clorindo Testa y que hoy ocupa el Banco Hipotecario. El estilo arquitectónico utilizado se emparentaba con la situación política del momento: brutalismo.

En la madrugada de ese 29 de marzo, tropas del Ejército arrestaron a Frondizi en la Residencia de Olivos y lo trasladaron a la Isla Martín García. Fue el golpe definitivo de una seguidilla en la que nadie se pone de acuerdo con el número, entre 32 y 38 "planteos" en apenas 47 meses de gobierno.

En medio de una situación tan trágica, no faltaron detalles que a la distancia pueden contemplarse con ironía. Durante doce horas el país estuvo acéfalo, ante la falta de acuerdo entre los golpistas en apoyar a Poggi como presidente o colocar a otra figura. Algunos especularon con la vuelta de Pedro Eugenio Aramburu, otros con Alfonso de Laferrere, editorialista de La Prensa, y hasta se barajó el nombre de Bernardo Houssay. Para la mentalidad de un golpista, el premio Nobel de Física es carta de presentación suficiente para la Presidencia de la Nación.

Poggi ya se preparaba para asumir pero no tuvo en cuenta que el presidente provisional del Senado, el rionegrino José María Guido, había sido más rápido que él: el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Julio Oyhanarte, le tomó juramento al senador y de esa forma se dio comienzo a una experiencia inédita, la de un presidente civil de facto, con todas las formalidades de un Poder Ejecutivo de saco y corbata, pero sin Congreso y con todas las provincias intervenidas. Podría decirse que, con una década de anticipación, también de este lado del charco hubo una "bordaberrización".

La asunción de Guido pudo darse no solo al derrocamiento de Frondizi sino también por la temprana renuncia del vicepresidente Alejandro Gómez, en desacuerdo con los lineamientos políticos y económicos del gobierno que años después se acuñaría en una nueva corriente, el desarrollismo.

Si hoy resulta difícil entender a una sociedad que tomaba la opción golpista con tanta naturalidad, con la misma extrañeza se puede analizar la incomprensión con la que por entonces se caracterizaba a la economía argentina. La definición de la Argentina como un país subdesarrollado descolocó a la dirigencia en general, habituada a resolver los problemas con una buena cosecha agrícola. Para incorporar el concepto al debate fue decisiva la intervención de Frigerio, proveniente de una lejana izquierda juvenil, quien luego de conocer a Frondizi en 1956 fue cimentando las bases del nuevo proyecto.

A diferencia del pensamiento político dominante, consideraba que la economía argentina era dependiente del factor externo y que la falta de una industria de base robusta llevaba a las periódicas crisis. Esa fue la razón que condujo al gobierno de Frondizi a impulsar a sectores como el petrolero o el siderúrgico, con porcentajes de aumentos en la producción impensados en tan poco tiempo. Asimismo, la condición de país subdesarrollado limitaba a la Argentina para encarar ese desafío con recursos propios, lo que llevó a un profundo debate dentro y fuera del partido gobernante por la afluencia de capitales extranjeros.

Como es habitual cuando se introducen novedades de importancia en el debate, los reordenamientos políticos estuvieron a la orden del día, en los que muchos correligionarios pasaron a ser enemigos irreconciliables y, a la inversa, dirigentes de corrientes sin ningún punto en común aparente comenzaron a compartir el mismo sendero de militancia. Al "viejo tronco radical" del que provenía la mayoría del elenco gobernante se sumaron aportes del nacionalismo de derecha (Camilión, Florit), el liberalismo (Odena), el socialismo (Merchensky) y el comunismo (Rial), entre otros. La confusión en la política tradicional derivó en calificativos disímiles a Frondizi y Frigerio, que podían pasar de ser de derecha a ser de izquierda en una misma mesa de café.

Pero en lo que al 29 de marzo atañe, el golpe de hace 56 años tiene protagonistas cuyos nombres se reiteran en la actualidad. Frigerio, exiliado en Montevideo, no podía imaginarse que su nieto homónimo alcanzaría a ser ministro, cargo al que él no pudo acceder por las consabidas presiones militares. Pero tampoco llegó a sospechar que estaría en el mismo partido con el también nieto y hómonimo de Federico Pinedo, justamente el primer ministro de Economía del golpe de Guido.

Y si de parentesco y homónimos se trata, habrá que recordar que en los primeros pasos de la maniobra golpista, Poggi ordenó detener al secretario de Guerra de Frondizi, el general Rosendo Fraga, cuyo hijo contaba por entonces con nueve años.

El mismo día, un joven periodista de 25 años dejaba su trabajo en el diario La Nación para incorporarse al elenco del gobierno de facto como subsecretario del Interior: Mariano Grondona. En este caso no hay parentescos. Es la misma persona.

Uno de los partidos que más celebró la caída de Frondizi fue la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP), que horas antes del golpe había rechazado la convocatoria al diálogo formulada por el Gobierno, a cuya gestión consideró "desquiciadora y ofensiva para la dignidad argentina". Su líder, Ricardo Balbín, había encabezado en 1951 la fórmula presidencial que compartió, precisamente, con el derrocado Frondizi.

Cuatro años después, el 23 de junio de 1966, un conocido dirigente ofreció una conferencia en la Asociación de la Prensa Extranjera. Anticipó y celebró el golpe que ocurriría cinco días después, al que calificó como una verdadera "revolución nacional". Era Arturo Frondizi, víctima del golpe de 1962.

Como para que quede claro que no alcanza con las enseñanzas de la Historia si no hay voluntad de aprender.

Por Marcelo Batiz

Fuente: Nuevas Palabras

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