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Domingo, 17 de Septiembre de 2017 | 11:23Hs. | Espectáculos

El terror, pasión de multitudes

Annabelle 2: La pelicula que hace furor


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  • El terror, pasión de multitudes
    El terror, pasión de multitudes

La terrorifica pelicula de la muñeca diabólica superará hoy el millón de entradas vendidas en los cines argentinos. Una cifra que alcanza y sobra para corroborar en su esplendor un fenómeno afirmado desde hace tiempo en nuestro país: el cine de terror es pasión de multitudes.

Sin embargo, la magnitud de estos números puede quedar empequeñecida dentro de una semana con otra muestra de la misma tendencia. El próximo jueves llega a las salas locales It (Eso), cuya venta anticipada responde con mucha solidez a las expectativas, Desde estas previsiones y un lanzamiento de características excepcionales, volveremos a decir dentro de siete días con los datos de la taquilla local que no hay recurso más exitoso para llenar las salas de cine que una buena historia cargada de miedos y de sustos.

En la Argentina, el terror está de moda. Y en Hollywood, gracias a una película de terror, dos argentinos están haciendo historia. Ayer por la mañana llegaron a Buenos Aires los hermanos Andrés y Bárbara Muschietti, director y productora, respectivamente, de It (Eso), nueva adaptación para la pantalla del clásico de Stephen King. Desde hace por lo menos una semana el tema preferido de casi todas las conversaciones en Hollywood es lo que está pasando con la película de nuestros compatriotas.

Si todo sigue como hasta ahora, Andy Muschietti (así aparece en los créditos) puede convertirse en el director de la película de terror más taquillera de toda la historia de Hollywood. Hacerla costó apenas 35 millones de dólares y en una semana (se estrenó en 52 países entre el 7 y el 8 de este mes) ya lleva acumulados en las boleterías de todo el mundo algo más de 247 millones de dólares. La parte más fuerte de esa cosecha corresponde al mercado estadounidense, que sigue respondiendo de manera óptima en este decisivo segundo fin de semana.

No es nada que sorprenda ni a Muschietti ni a los ejecutivos de los grandes estudios, quienes tienen frente a sí la segunda comprobación consecutiva de que el cineasta argentino, además de ser un muy hábil narrador de relatos terroríficos y sobre todo un excepcional director de actores niños y adolescentes, cumple con un requisito esencial para esa industria: obtener el máximo provecho con el mínimo de recursos. Ya tuvimos la primera prueba de esa lección de eficiencia en 2013, cuando Mamá, el anterior largometraje de Muschietti, llegó a ocupar durante un fin de semana el liderazgo en la taquilla de Estados Unidos con más de 100 millones de dólares recaudados para una película que había costado apenas 15.

Detrás de todos los números, los análisis de mercado y las especulaciones sobre lo que pueda ocurrir hacia adelante, lo más importante aparece en otro plano. De un lado, la ratificación del poder de convocatoria que tiene el cine de terror. Ya no pasa inadvertido el hecho de que cada semana aparece en nuestro país una nueva expresión de este género en las listas de estrenos confirmados. Tal vez sean muy pocos los que estén en condiciones de lograr una respuesta tan multitudinaria como la que exhibe Annabelle 2 (fruto, además, de una secuencia iniciada con su título madre, la extraordinaria El conjuro, y sus secuelas), pero más allá de sus expresiones más exitosas, el fenómeno estimula a todos los actores de la industria a mantener constante la oferta de títulos. Hay sostenidas ganas entre el público que va al cine por tomar contacto con ellos.

Como muy bien observa Eduardo A. Russo en su imprescindible Diccionario de cine (Paidós, 1998), el cine de terror (o de horror, entendido como sinónimo a partir del uso difundido del término anglosajón horror film) suscita en el espectador estímulos de tipo estético conectados con el mundo de lo inexplicable y "lo sobrenatural que acecha a un sujeto que se cree dueño de su razón y capaz de entender la realidad".

Lo que It (Eso) retoma, con fidelidad absoluta al mundo literario de King, es la invocación a todas las formas y manifestaciones posibles que tiene el mal. Una amenaza que Russo identifica como inexplicable y excesiva para la conciencia del espectador y conectada "a una fuente que hace estallar la noción de realidad".

Las certezas se derrumban, lo sobrenatural se invoca y el espectador comienza a pisar a ciegas un terreno nuevo, inesperado, imprevisible. El miedo y el pánico ocupan el centro de la conciencia y en circunstancias así el espectador experimenta una mezcla de sensaciones que van de la atracción al rechazo. Aquí podría estar la explicación del poder de convocatoria que tiene el género, multitudinario en sus manifestaciones más rendidoras. Esa experiencia transformadora, a veces catártica, a veces provocadora, a veces cargada de perturbadores estímulos, casi siempre inquietante, sólo puede ser vivida en plenitud en el marco de una experiencia colectiva.

Es el miedo del público que se encuentra ante una realidad alterada, incierta e inmanejable después de observar el miedo que un personaje de ficción vive en contacto con una experiencia similar. Por eso, el cine de terror puede levantar quizá como ningún otro género la persistencia de su razón de ser dentro de un cine y en compañía de otras personas dispuestas a vivir algo semejante, en vez de hacerlo desde la comodidad del hogar, que ofrece y garantiza otro tipo de protección y seguridad.

Por otro lado, ese interés se refuerza a partir de la configuración que el propio género experimenta en los últimos tiempos. Aparecen otras miradas y nuevas maneras de aproximarse a estas temáticas, en algunos casos conectadas con temas muy vigentes de la agenda cotidiana. Un lúcido ensayo publicado el 6 de julio último en el diario británico The Guardian señala que el cine de terror atraviesa en estos tiempos una serie de alteraciones alrededor de temas y ejes argumentales bien establecidos: el poder de posesión que aparece en fuerzas sobrenaturales, viviendas sometidas a todo tipo de conjuro o maldición, el comportamiento de psicópatas de todo tipo y pelaje, la moda de los zombis y muertos vivos.

Una de las transformaciones más llamativas es la incorporación a la matriz del cine de terror de los llamados social thrillers, películas en donde la amenaza a la realidad se expresa a través del manejo terrorífico de temas como el abuso de poder y la opresión en todas sus formas. Como el racismo que recorre toda la trama de ¡Huye! (Get Out), una de las mejores películas de 2017, o la obsesión narcisista que arrastra a los desquiciados personajes de ¡Madre!, estreno del jueves 28. También desde aquí se explica la atracción irresistible del cine de terror. Annabelle 2 no será la última en convocar un millón de espectadores en la Argentina.



Fuente: LaNacion

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