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Cuál es el mejor país del mundo para vivir, aún sin trabajo

En Europa existe la posibilidad de perder el empleo, pero eso se convierte a veces en una oportunidad para mejorar y crecer laboralmente.

La crisis económica mundial que generó el coronavirus resulta desalentadora para cualquiera, incluso para los que cuentan con un trabajo estable. Las variaciones en los precios de productos y servicios conspiran con la estabilidad de cualquier bolsillo. Por supuesto, la inestabilidad se presenta con la pérdida del trabajo. Ni hablar en este contexto de crisis mundial.

Aquellos que desafortunadamente experimentaron y vivieron lo que es estar desempleado, saben el impacto que eso genera, principalmente en el estado de ánimo, la autoestima y la depresión, que disminuye y frena la capacidad de acción y fuerza de voluntad. La incertidumbre, la falta de expectativas, angustia, ansiedad, vergüenza y hasta exclusión social son algunas de las sensaciones por las que atraviesan la personas que pierden su trabajo.

No obstante, en el mundo no todo está perdido. En un pequeño país de Europa existe un sistema diseñado específicamente para avanzar, es decir conseguir un mejor trabajo. Se lo conoce como sistema de transición y las empresas pagan a “consejos de seguridad laboral” que brindan entrenadores capacitados para mejorar las habilidades de los que buscan volver al mercado laboral. En total existen 16 organizaciones y cada una cubre un sector diferente de la economía. Tienen la tarea de encontrar nuevos empleos para aquellos que han perdido el suyo, según un informe de BBC.

¿Cómo y dónde?

Suecia cuenta con las mejores tasas de reempleo del mundo desarrollado: casi el 90% de los trabajadores despedidos vuelven al mercado en menos de un año. La cifra es drásticamente superior a la de Francia y Portugal, donde sólo alrededor del 30% de los trabajadores vuelven a estar empleados en un plazo de 12 meses aproximadamente, apuntó la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

En el país se ofrecen centros de trabajo administrados por el Estado, que también intentan vincular a las personas desempleadas con las vacantes existentes. El servicio público está dominado por los desempleados de larga duración o por personas no calificadas que intentan encontrar sus primeros trabajos, que generalmente son jóvenes sin educación secundaria inmigrantes recién llegados.

El sistema sueco es eficiente y llamó la atención internacional, sobre todo en comparación con otros países europeos. El equivalente más cercano es el Transfermaßnahmen de Alemania, o “medidas de transferencia”, en que el apoyo para los trabajadores despedidos es financiado en parte por la empresa y en parte por el Estado.

En la mayoría de los países, no existe apoyo adicional, más allá de los planes estatales. Esto se aplica en particular al sistema francés, como así también en Bélgica y los Países Bajos. En muchos otros países de Europa ya se están persiguiendo sistemas similares al sueco.

Sistema de transición

En Suecia, los empleadores pagan el 0,3% de su nómina total a los consejos de seguridad laboral, como una póliza de seguro contra despidos. Durante los buenos tiempos, el dinero se acumula; luego, cuando existe la necesidad de reducir el tamaño, los consejos están allí para suavizar el golpe.

Los trabajadores tienen acceso al servicio en donde los sindicatos tienen un acuerdo con los empleadores, que en Suecia incluye a la gran mayoría de los lugares de trabajo, grandes y pequeños, ya que el 90% del staff trabaja en empresas sindicalizadas.

Según datos de la OCDE, los trabajadores suecos menores de 30 años aumentan sus ganancias después de ser despedidos. Los consejos funcionan a través de una asociación de 50-50 entre empleadores y sindicatos; el gobierno no juega ningún papel. Ofrecen ayuda durante un período de cinco años a partir de la fecha de los despidos, para que las personas sigan recibiendo apoyo si su nuevo trabajo no funciona.

Para las empresas particulares, la existencia de este sistema hace que sea mucho más fácil acordar despidos con los empleados y, en última instancia, evitar una acción sindical.

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