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Casi 20 años después, una miniserie documental vuelve a preguntarse quién mató a María Marta García Belsunce

TN Show habló con Alejandro Hartmann y Vanessa Ragone, director y productora de “Carmel", que se estrena este jueves. Cuatro capítulos en los que entrevistan a casi todos los protagonistas de la historia que obsesionó a la sociedad.

“Me gustaría saber quién mató a María Marta. Hay una víctima, una mujer que fue asesinada, y un asesino suelto”, declaro a TN.com.ar Alejandro Hartmann. El director de AU3Autopista Central o Clon que estrena ahora Carmel: ¿Quién mató a María Marta?, la rigurosa miniserie documental que escribió junto a Sofía Mora, a cargo de la investigación, Lucas Bucci y Tomás Sposato. Con la producción de Haddock Films, con Vanessa Ragone a la cabeza, la ganadora del Oscar por El secreto de sus ojos.

Desde hace años, tanto Ragone como Hartmann tenían en la cabeza la idea de llevar al cine el caso Belsunce, el más mediático y fascinante de la crónica roja argentina en los últimos tiempos. El que siguió el crimen de María Marta, el 27 de octubre de 2002, en su casa del country Carmel, en Pilar. Cuando lo que se reportó como un accidente doméstico resultó homicidio por seis balazos en la cabeza. Cuando el famoso pituto, descartado por el inodoro, resultó ser un trozo de bala. Primeros elementos de muchos, en una fabulosa trama de encubrimiento que sigue envuelta en misterio.

Como tantos de nosotros, los realizadores veían ahí una película. Y la ficción aparecía como posibilidad para el relato. Si fue descartada, dice Ragone, es porque la realidad superaba con creces a cualquier ficción: “Al final decidimos que la miniserie documental era el formato ideal, el de los true crimes, que nos diera tiempo de desarrollarlo en profundidad y contarlo con tiempo. Es un tema que nos atravesó y sigue atravesando a la sociedad, sigue vivo. Pasaron 18 años, pero tiene muchísima actualidad”.

Uno de los elementos “cinematográficos” del irresuelto caso Belsunce es el de sus idas y vueltas de tuerca, cambios y giros narrativos. Otro, el de su universo cerrado, a lo Agatha Christie: el country.

“El caso tenía cosas demasiado exageradas e inverosímiles y desde la ficción iba a caer un poco en el ridículo, quién iba a interpretar a los personajes... no estaba bueno. Nos acercamos desde un lugar que defiendo mucho: tratar de conocer a las personas detrás de los personajes mediáticos, adentrándonos en las historias sin preconceptos ni prejuicios. La idea central era tener la mayor cantidad de voces posibles. Un caso muy complejo en el que, para variar, se había armado una especie de Rive-Boca, una grieta”, detalla el director.

Ver los cuatro capítulos de la miniserie es una experiencia extraña. Una historia muy conocida, como sus personajes, que fatigaron tapas de diarios y horarios centrales de la televisión durante años. Pero a la vez, el redescubrimiento de un caso que mantiene su poder de fascinación. Con esos personajes reales y vehementes, dispuestos a hablar a cámara como si tuvieran todo el tiempo del mundo. Imputados, acaso culpables.

Los realizadores lograron crear el clima de reportajes con una profundidad que algunos permiten por primera vez. Como el fiscal Enrique Molina Pico, capaz de invocar sus propias torpezas. O el viudo, Carlos Carrascosa, después de pasar ocho años preso.

También por primera vez, la casa en la que mataron a María Marta es protagonista de su relato. Porque vimos entrar a algunos periodistas, en notas especiales, pero jamás con este desarrollo y nivel de detalle. Ahora vemos a Carrascosa entrar y salir de ahí. Contar qué hizo con la casa. Hasta estacionar al lado del vehículo de su mujer, que sigue ahí sin que nadie la haya movido. Así de increíble.

¿Qué fue lo que más los impresionó, en este trabajo de conocer y encontrarse cara a cara con esos personajes?

Me impresionó conocer a María Marta, porque terminamos conociéndola —dice Hartmann—. A través de sus amigas, a través de intimidades, de pequeños detalles que nunca habían contado en público. Me impresionó conocer bastante en profundidad a Carrascosa, un tipo fascinante, inteligentísimo, frío cuando quiere pero también de una gran calidez, que se bancó la cárcel estoicamente. Me impactó Molina Pico, un tipo de altos valores, con mucho sentido del humor, aunque en la serie no se note.

¿Quién miente y quién dice la verdad? ¿Es posible llegar a la verdad? Son la preguntas que resuenan en la cabeza a medida que la miniserie repasa el caso, llevándonos de la nariz, escuchando a sus protagonistas. Mientras esa palabra, verdad, crece y se convierte en la más importante de un desenlace para el que no hay spoiler.

“No era nuestra intención juzgarlos, para eso está la Justicia —dice Ragone—. Queríamos conocerlos en profundidad, son personajes muy ricos, complejos, cada uno con su verdad para decir. Planteamos las distintas versiones que hubo sobre el caso porque no está resuelto y eso es una herida para la sociedad, como tantos otros. En general fueron muy abiertos, tuvimos muchas horas de trabajo con cada uno, tratando de conocerlos y de encontrar en todos la humanidad, sin sacar conclusiones que no nos corresponde sacar. No tenía sentido contar la historia si no estaba la mayor parte de las voces. Que los espectadores saquen sus conclusiones. Eso sí, fue impactante: nadie atravesó ese caso sin sufrimiento”.

Irene Hurtig, John Hurtig, Horacio García Belsunce. A la familia, que sería imputada por encubrimiento en un segundo juicio (se espera todavía un tercero, que tiene a Nicolás Pachelo, el vecino indeseado, y dos vigilantes como acusados), se suman los testimonios de periodistas que cubrieron el caso, principalmente Rolando Barbano y Pablo Duggan. También hacen valiosos aportes dos autores de ficción policial, Claudia Piñeiro, que además conoce bien el cosmos de los country clubs y Guillermo Martínez.

Como recursos narrativos, Hartmann y su equipo reconstruyen el momento del asesinato, con variaciones según van apareciendo en el relato, las distintas versiones sobre lo que pasó.

Se estrena poco después de otro documental sobre un caso policial con implicancias políticas, el de la muerte de Nisman. ¿Qué crees que pasa con este tipo de propuestas documentales, de asuntos reales más o menos recientes, cuando aparecen como oferta del streaming?

—Nosotros estábamos en preproducción cuando se estrenó lo de Nisman y sentí algo hermanado con algunas cosas que yo hago, porque se trata de no involucrarse con ninguna postura —sigue el director—. En ese caso muy candente, y el nuestro muy viejo, sin pruebas ni confesión ni algo relevante que de cuenta de algo muy concreto, es inconducente embanderarse desde el documental. La diferencia con la de Nisman es que nosotros somos un equipo cien por ciento argentino.

Hacer documentales de casos tan mediatizados invita a pensarlos. Sino, no tiene sentido. Pasó con el de Nisman y espero que pase con este. Nosotros lo tomamos 18 años después. Pasó de todo. Y este caso me invita a pensar por qué consumimos estos casos, por qué los medios los toman de esta manera, por qué la sociedad se vuelve loca con ellos, por qué la Justicia no puede avanzar, por qué tenemos las crisis económicas que tenemos y nos interesa lo que pasa con los ricos y famosos. De eso me interesa hablar. De por qué no se puede resolver un caso como este. Ojalá la gente se haga estas preguntas. Porque ya desde el título, ¿Quién mató a María Marta?, la invitación es esa.

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