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Por Ricardo Carpena

La reaparición de Macri: cree que la crisis económica puede agravarse y busca cerrar la grieta en Cambiemos

El ex presidente rompió el silencio con señales de que quiere reinventarse. En su primera entrevista con medios argentinos desde la salida del poder, realizó una autocrítica y le envió una señal a Rodríguez Larreta

Mauricio Macri tuvo hace 24 horas dos triunfos consecutivos. Ganó porque fue el padre intelectual del banderazo más fuerte de la serie de protestas callejeras contra el Gobierno que comenzó el 20 de junio y, además, porque en la entrevista televisiva en la que rompió un largo silencio le tendió una mano al sector más dialoguista de Juntos por el Cambio y de esa forma fortaleció su propio liderazgo.

Ese gesto hacia adentro de la coalición quedó representado en la primera autocrítica de sus cuatro años de gobierno (“dejé de escuchar”), algo que le venían reclamando dirigentes moderados de su espacio, y en su revelación de que no se veía como candidato para las elecciones de 2021 y que sí se siente “cómodo acompañando a los que tienen vocación de liderar y ayudarlos a crecer" como Horacio Rodríguez Larreta, cuyo “crecimiento y consolidación”, confesó, le causa “alegría”.

Mucho más de lo que se esperaba en medio de la pulseada interna para determinar quién se ponía al frente de la reconstrucción de JxC luego de la derrota en las últimas elecciones. El ala moderada de la coalición se quejaba de que Macri no daba un paso al costado para permitir la irrupción de nuevos dirigentes que permitieran competir con el neokirchnerismo gobernante. Y advertían, sobre la base de las encuestas, que la sociedad reclama estilos sobrios y no radicalizados como los del ex presidente.

 
Pero ese esquema con roles tan definidos funcionó cuando Rodríguez Larreta era considerado “un amigo” por Alberto Fernández y compartían civilizadamente las responsabilidades por el operativo para contener la pandemia. El ataque del Gobierno contra el jefe del gobierno porteño, alentado por Cristina Kircher, le dio la razón a Macri y debilitó al ala blanda de JxC.

El ex presidente, más allá de algunas declaraciones específicas y contadas apariciones en las redes sociales, cumplió lo que se había propuesto cuando dejó el poder y se planteó bajar su perfil lo máximo posible. Según sus allegados, creyó que debía mantenerse alejado durante seis meses como una contribución que tenía que hacer al nuevo gobierno y a sus aliados.

Ahora, Macri está convencido de que su palabra es necesaria. El golpe que representó el recorte de fondos de coparticipación a la Ciudad de Buenos Aires lo dejó reposicionado en el tablero opositor: “Yo les anticipé que venían por todo”, repite hoy como un mantra.

 
Quienes hablan seguido con el fundador del PRO afirman que teme que el Gobierno “se lleve puesto todo en las próximas semanas”: la combinación de una crisis económica, social, laboral, financiera y cambiaria, a juicio del ex presidente, augura un conflicto de aristas impredecibles. Y a ese panorama complejo, alerta, se le suma la crisis en la propia coalición gobernante.

Por eso está convencido de que Juntos por el Cambio tiene que mantenerse más firme que nunca ante los avances de Cristina Kirchner y Alberto Fernández, y, a la vez, unido para que esa estrategia no termine diluida, que es, en la interpretación de Macri, lo que pretendió el Presidente con su estrategia de elegir al jefe de gobierno como su opositor favorito.

El ex presidente, aseguran sus interlocutores habituales, no está preocupado por la inesperada revelación de Elisa Carrió en el programa de Jorge Lanata de que Cristina Kirchner “no fue presa porque el gobierno de Cambiemos no quería que se hiciera justicia”. Conoce a Lilita, sabe de sus exabruptos y no piensa contestarle, aunque en la intimidad se desahogó ante un puñado de leales: “Ella sabe que en mi gobierno funcionó realmente la independencia de la Justicia”.

 
Con la certeza de que acertó en su pronóstico sobre el Gobierno, Macri apuesta a que la llama de los banderazos no se apague y sirva como contrapeso de una administración que, según teme, se irá radicalizando en la medida en que se profundice la crisis económica. Un ejemplo, sostiene, es la creación de un organismo para supervisar qué noticias se publican en los medios. “La imaginación de esta gente es inagotable”, asegura.

De todas formas, el latiguillo que adoptó Macri en las últimas horas es que “no es tiempo de candidaturas”. Para el ex presidente, el peso de la crisis obliga a desistir de la tentación de apurar las definiciones electorales. Ante Joaquín Morales Solá incluso avanzó más y así diseñó la pieza maestra que le permitirá realinear a Juntos por el Cambio: su revelación de que “no se ve” como candidato en 2021 (algunos de sus rivales internos, implacables, no quedaron conformes porque el ex jefe del Estado no dijo explícitamente que no se postulará).

Una señal de tregua interna fue el campus virtual organizado este sábado por Hernán Lombardi. Allí, después de muchas semanas de intrigas y de reuniones por Zoom sin testigos, la plana mayor del PRO compartió un espacio en el que abundaron los guiños de distensión. Como el de Rodríguez Larreta cuando admitió que los dirigentes de Juntos por el Cambio tienen “roles complementarios", detalló que “algunos (desempeñan) roles ejecutivos como el que me toca en la Ciudad”, elogió a Patricia Bullrich y dijo: "Lo estamos haciendo bien”.

Esa amabilidad de ida y vuelta fue la que no tuvo Macri con dirigentes como Rogelio Frigerio y Emilio Monzó, a quienes, sin nombrarlos, los puso en la mira por haberles “delegado la negociación política” durante su gobierno: “Yo la delegué en mi ala más política con filoperonistas tanto en la Cámara de Diputados y los gobernadores; yo tendría que haber puesto el foco ahí porque claramente se jugaba mucho en la Argentina en poder convencer”, señaló en la entrevista de este lunes con Joaquín Morales Solá.

 
Allí también hay señales de que el ex presidente no resignará mansamente un papel que busca ser determinante en Juntos por el Cambio. Parece haber elegido un rol de constructor activo de nuevos liderazgos opositores, pero también el de la figura que tiene derecho de veto. Y sobre todo, eligió empezar a reconvertir su perfil con algunos cambios, como una capacidad de autocrítica tardía pero necesaria, y una confirmación implícita: si alguna vez tiene que jubilarse de la política será por su propia decisión.

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