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Podoroska, la semifinalista que idolatra a Sabatini y hace historia en Roland Garros

La rosarina de 23 años alcanzó las semifinales del Grand Slam parisino. Es la primera vez que una jugadora proveniente de la clasificación llega a esa instancia en la Era Abierta, que comenzó en 1968.

 

Apreta los puños, levanta los brazos y grita mirando al cielo. Ya no es un sueño lo que está viviendo Nadia Podoroska parada en el mítico Philipe Chartier, donde acaba de conseguir el triunfo más importante de su carrera ante la ucraniana Elina Svitolina, la número 5 del mundo, que le valió el boleto a las semifinales de Roland Garros. Es la mismísima realidad, la que viene construyendo desde los cinco años cuando daba sus primeros pasos en la escuelita del Club Atlético Fisherton, ese mismo escenario donde se forjó una leyenda del deporte argentino como Luciana Aymar. Vaya coincidencia del destino.

La hija de Irene y Marcelo nació el 10 de febrero de 1997, meses después de que Gabriela Sabatini anunciara su retiro profesional. A pesar de que no la haya visto jugar, para la oriunda de Rosario, Gaby siempre fue su espejo a seguir. La inspiró cuando el tenis ya no solo se trataba de una actividad recreativa en su vida, sino cuando apostó por continuar desarrollándose en la escuela de Charly Rampello, para luego comenzar a ser entrenada por Emiliano Redondi y Juan Pablo Guzmán.

Lo cierto que es que el camino no fue fácil para la Rusa, como la llaman a Podoroska, quien consiguió sus primeros puntos en el circuito profesional a los 14 años. Ante la falta de oportunidades que tiene el tenis sudamericano y luego de sortear lesiones en su mano derecha y complicaciones en la cadera y espalda que hasta encendieron las alarmas sobre la continuidad de su carrera, Nadia tomó la decisión de dar un giro e irse a vivir a Alicante, España, para poder competir dentro de la estructura deportiva y económica con la que cuenta el tenis femenino en el Viejo Continente. Lo hizo contando cada moneda para poder solventar una carrera económicamente muy costosa y recién en los últimos meses pudo alquilarse su primer departamento.

Y llegó el 2019, año donde Podoroska logró colgarse la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Lima. Desde allí, todo fue crecimiento para la rosarina de 23 años, que a principios de este año se dio el gran gusto de conocer personalmente a su ídola en el ATP de Buenos Aires. Luego de pasar el primer tramo de la cuarentena en Argentina, Nadia viajó a España y en agosto retomó la acción con la reanudación del circuito. Al mismo tiempo, trabaja con el entrenador Pedro Merani sobre su control mental para mejorar el estado anímico, la concentración, la visualización antes de cada nuevo desafío.

"Es un aspecto que yo nunca había trabajado: no está relacionado a la psicología sino que es más un entrenamiento mental para la competencia. Tiene ejercicios diarios de meditación, relajación, visualización. Es un proceso de autoconocimiento", contó Podoroska en una conferencia de prensa virtual en París, luego de su triunfo ante la kazaja Yulia Putintseva.

Cayó en la primera ronda del WTA de Palermo, quedó en la puerta de la final en el 125K de Praga y se consagró en el W60 de Saint Malo, en Francia, donde su nombre ya empezaba a hacer ruido.

Mientras disfrutaba del salto al 130° puesto del ranking mundial, Podoroska superó la clasificación para ganarse un lugar en el cuadro principal del Grand Slam de París por primera vez. Lo que vino después es historia conocida. Y Nadia, con raqueta en mano, está preparada para seguir escribiendo capítulos.

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