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Tom Hardy es el primer nombre que suena para ser el próximo James Bond

Tom Hardy es el primer nombre que suena para ser el próximo James Bond

Este 2020 se sabrá uno de los misterios que lleva rondando por Hollywood bastante tiempo: quién será el próximo James Bond. Hace tiempo que Daniel Craig ya dejó muy claro que no iba a seguir interpretando al espía más famoso del cine y que incluso “preferiría cortarse las venas” a hacerlo. La sangre no llegó al río y Craig aceptó hacer una más de la saga, Sin tiempo para morir, que llegará a algunas salas de cine a fin de año. Ahora se plantó y dijo que no más, gracias. La industria del cine busca desde entonces a un sustituto, y según la prensa británica podría haberlo encontrado en Tom Hardy.

Londinense de 43 años, Hardy lleva 20 años de carrera cinematográfica y es conocido como uno de los tipos duros de la industria del cine. Ahora su nombre fue revelado por la prensa británica, que afirma que en junio hizo las audiciones para el papel, como más que probable para ocupar el puesto del célebre espía. Habitualmente Hardy interpretó roles de acción. Sus papeles más reconocidos son los más oscuros. Por ejemplo, el de Max Rockatansky en Mad Max: Fury Road, de 2015, o el de Bane en Batman: el caballero de la noche (2012), donde llevaba un bozal metálico, en ambos. O el de los oscuros gemelos Kray en Legend (2012), donde daba vida a dos personajes a la vez. En Star Trek: Nemesis daba físicamente miedo como Shinzon, rapado y con la cabeza llena de venas. Pero el más célebre es el de John Fitzgerald en El renacido, donde interpretaba a la némesis del protagonista, Hugh Glass, interpretado por Leonardo DiCaprio. Su papel lo llevó a ser nominado a un Oscar.

Hardy y DiCaprio ya habían coincidido en El origen, en 2010, pero fue en El renacido cuando pasaron de ser colegas a muy buenos amigos; tanto que el londinense llegó a tatuarse el nombre de su compañero. Fue por una apuesta. DiCaprio estaba convencido de que la interpretación de su colega iba a darle su primera nominación al Oscar, pero Hardy lo negaba rotundamente, así que la pareja apostó. Y quien perdiera debía tatuarse lo que el ganador quisiera. Finalmente, Hardy terminó, entre su cuerpo cubierto de tatuajes, con otro más con la frase “Leo knows everything” (Leo lo sabe todo) en el brazo. Además, aseguró en una entrevista que DiCaprio jamás lo hubiera hecho si hubiera perdido.

Ese tipo de declaraciones hacen que Hardy sea uno de los tipos más solitarios de Hollywood, o esa es la imagen que pretende proyectar. “No tengo ningún amigo”, reconoció el actor una vez en una entrevista. “No los mantengo, ni les doy bola con sus problemas. Me gusta estar solo. Tengo un perro y dos hijos. Mi perro jamás hará nada que me moleste, y mis hijos tampoco”, comentó. Esos dos hijos ahora son tres. Hardy se casó en 1999 con la productora Sarah Ward, y se separaron cinco años después, sin hijos. En 2005 conoció a la asistente de dirección Rachel Speed, con quien estuvo hasta 2009 y con quien tuvo a su primer hijo, un niño llamado Louis que ahora tiene 12 años y que vive con su madre en Londres, motivo por el que Hardy, que está muy unido a él, no quiso trasladarse definitivamente a los Estados Unidos.

El mismo año de su separación Hardy rodó una adaptación para una miniserie británica de la conocida novela Cumbres borrascosas, donde dio vida a su protagonista, Heathcliff. La coprotagonista, Cathy, era interpretada por Charlotte Riley. La química traspasó la pantalla y la pareja se enamoró, para casarse en julio de 2014. Tienen dos hijos, uno de cinco años y otro que cumplirá dos en diciembre. Apenas se sabe nada de ellos, porque sus padres mantienen sus vidas fuera de la fama. “Fotos de mis hijos, ni loco”, dijo Hardy en 2018 a la revista Esquire. Como le explicó su esposa, Charlotte Riley, al diario The Telegraph: “No siento la necesidad de mantener a la gente al día, viendo lo que hago ni con quién estoy. No quiero ponerme en esa tesitura. Me gustan la privacidad y el anonimato”. La pareja apenas se deja ver junta, pero sí apareció de la mano a su llegada a la boda del príncipe Harry con Meghan Markle, en 2018.

Sin embargo, pese a su imagen de tipo seco, duro, Hardy se ganó el respeto de la industria y los fans. Es abierto a la hora de contar sobre sus adicciones. Con 13 años se enganchó a las drogas alucinógenas, con 15 lo encontraron con una pistola en un Mercedes robado, a los 16 tomaba alcohol y fumaba crack. “No quería que nadie supiese que estaba fuera de control, pero no se podía esconder. Hay un momento en el que el cuerpo no puede más. Tuve suerte de no contraer hepatitis o el VIH/sida”, explicó en una entrevista con el Daily Mail.

Con 26 años, después de ser encontrado en un charco de sangre y vómito, pidió ayuda. “Pensé que lo intentaría hasta que pudiera salir, beber y que me perdonaran. Pero cumplí los 28 días, y tras escuchar a gente que había pasado por lo mismo vi que tenía un problema”, relató a ese medio británico en 2014, asegurando que entonces creció y aprendió, y que desde entonces tiene “miedo a no tener el control”. Algo que también se aplica a su profesión, como confesó entonces: “Adoro lo que hago, pero me lleva un miedo de no ser capaz de hacerlo, y me pasa igual con la bebida: da igual lo bien que lo haga, no estoy lejos de cag... del todo otra vez”.

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