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En busca de otro futuro después del deporte

Muchos atletas comenzaron carreras universitarias preparándose para cuando dejen la competencia de alto rendimiento. Cómo combinan sus rutinas, el manejo de la presión y el valioso tiempo de la cuarentena.

¿Qué querés ser cuando seas grande? La pregunta se repite, casi de manual, en la vida de cada chico o chica, sea del país que sea y hable el idioma que hable. Incluso en ese grupo selecto de jovencitos que decide resignar buena parte de sus relaciones sociales, sentimentales y laborales para apostar por su sueño de jugar un Mundial, de ser olímpico, o simplemente, de tratar de ser el mejor que pueda en el deporte que ama.

Muchos atletas terminaron el colegio secundario rindiendo materias libres, sin escuchar las campanas para ir al recreo, ni disfrutar de viajes de Egresados. Y los que decidieron aventurarse en una carrera terciaria o universitaria, tuvieron que empezar a llevarse dos bolsos a los viajes de las competencias con el seleccionado nacional o con sus equipos: uno con la ropa y otro con los libros.

 
Es que todo lo que tiene de gratificante el deporte de alto rendimiento, también lo tiene de ingrato cuando pierde la carrera contra el tiempo y entre los 20, 30 o 40 y pico de años, salvo algunas excepciones, los deportistas firman su planilla de retiro. Por eso, cada vez son más los atletas que responden la famosa pregunta y eligen prefabricarse su propio camino pensando en el día después. Y ahí se unen los mundos de Belén Potassa, Tatiana Rizzo y Macarena Ceballos, como tantos otros mundos de quienes eligen aprovechar las horas libres que les deja el deporte para ponerse a estudiar.

"La gente que estudia se nutre más como persona. Te da una vista panorámica de cosas que te ayudan en la vida cotidiana, por ejemplo, a mi me sirvió a la hora de ir a defender un contrato”, dice Potassa en una charla con Filo.News. Desde su casa de Cañada Rosquín, Santa Fe, la futbolista pasa la cuarentena mientras se prepara para retomar en agosto la carrera de martillera pública, cuando ya esté nuevamente instalada en España para seguir jugando a la pelota.

Con su innegable tonada cordobesa, la nadadora Ceballos amplía la lista de beneficios y cuenta que su andar para convertirse en periodista deportiva la ayudó para "tener otra vida fuera de la natación, a liberarme la cabeza y soltarme a hablar".

En sintonía, Rizzo, la líbero de Las Panteras y futura nutricionista, resaltó la importancia de ejercitar la mente y desconectarse un poco -en su caso- del mundo del vóley. Además, unió en su voz la realidad de la mayoría de los deportistas argentinos, quienes practican disciplinas que no son lo suficientemente rentables -a diferencia de los futbolistas de Primera División, ciertos tenistas y basquetbolistas- para poder vivir de ellas toda la vida. Para que quede claro: las becas que reciben (no todos) por vestir la celeste y blanca no les alcanzan para "vivir de atletas". Entonces, imagínense cómo siguen sus vidas después del retiro. "Uno tiene una fecha de vencimiento en el deporte, no es un trabajo de por vida, así que poder ir preparando lo que viene después de ser jugador me parece importante", sostiene la jugadora de Boca.

La adaptación a las cursadas online a las que se vieron obligados los alumnos de todo el país de la noche a la mañana, no fue un problema para ninguna de ellas. Claro, es que cursar y rendir a distancia es la única receta compatible para poder combinar sus obligaciones como deportistas con los estudios. Y si bien la maratónica cuarentena las tuvo varias semanas fuera de las canchas y de la pileta, resultó ser un valiosísimo tiempo para poder adelantar materias.

"A veces pienso que si no hubiese estado en cuarentena, no sé cómo hubiese hecho la cantidad de cosas que tenía para hacer. Terminé de cursar las últimas cinco materias, estoy preparando finales y la tesis. Así que viéndole el lado positivo, estar en casa me ayudó para eso", confiesa Rizzo. Y Ceballos, que esta vez sigue firme en las seis materias en las que se anotó, añade: "Me sirvió para mantener la cabeza ocupada en otra cosa. Todas las mañanas me tenía que poner a estudiar, entonces no tenía tanto tiempo de pensar que no estaba nadando o en contacto con el agua".

Por su parte, Nelly Giscafré, la psicóloga deportiva y coordinadora del equipo de psicología del CeNARD, asegura que "es un momento ideal para estudiar y (los deportistas) lo aprovecharon muchísimo", al tiempo que pone como ejemplo a Delfina Merino, referente de Las Leonas, quien está cerca de recibirse de abogada.

¿Todos los atletas pueden competir y estudiar?
Más allá de que algunos compartan equipo o realicen el mismo deporte, cada atleta es un mundo aparte, con sus tiempos y sus formas de aprendizaje.

"No todos los deportistas pueden hacer una carrera al mismo tiempo. Si el deportista puede estudiar, es ideal, porque su cabeza no está toda en la alta competencia, tiene otra variedad de intereses, trabaja el intelecto. El tema es la capacidad de cada uno para bancarse la exigencia, porque una carrera universitaria tiene exámenes, tienen que prepararse, en el tiempo libre tienen que estudiar y eso es una exigencia. No es para todos. En algunos me parece bárbaro que estudien y en otros me parece inconveniente, al menos carreras como las de psicología, abogacía, medicina. Unos se las bancan bien y a otros se les quema la cabeza", explica la psicóloga.

Giscafré, que durante muchos años fue la psicóloga de Las Leonas y hoy sigue trabajando con deportistas de alto rendimiento, sostiene que el año de estudio debe planificarse en base al año deportivo, para combinar cuántas materias se pueden hacer dependiendo las competencias y los viajes.

"Estudiar te abre muchísimo la cabeza y eso a los deportistas los favorece. No hay carrera que no te abra tu cabeza porque aprendés y pensás cosas nuevas, tu cabeza funciona de otra manera, trabajás la memoria, la concentración, la percepción y todas las habilidades mentales", asegura la especialista.

Presiones diferentes
"Tengo más presión en el deporte que en la carrera", asegura Potassa, sin dudarlo. Y Ceballos asiente: "Mi principal objetivo es la natación, aunque con la pandemia le estoy poniendo un poco más de dedicación a la carrera para adelantar lo que más se pueda".

En tanto, Rizzo encuentra parecidos y diferencias entre saltar a la cancha y presentarse a rendir un exámen: "Con el deporte suelo ser bastante exigente y lo traslado un poco a lo académico. Si bien no se compara un final con una clasificación olímpica, tengo esa presión o nervios lógicos de querer que me vaya bien y de aprender. No sé si es la misma presión, pero algo de similitud tiene".

Si la pandemia no hubiese pateado el mapamundi y descalibrado los calendarios deportivos -y la vida toda- como lo hizo, Potassa estaría en España tirando paredes en su nuevo equipo (que lo anunciará oficialmente en los próximo días), Rizzo planeando el armado de valijas para ir a los Juegos Olímpicos y Ceballos buscando su pasaje para Tokio.

Así y todo, aunque el maldito coronavirus haya postergado sus ilusiones, no pudo contra las ganas de aprender y construir su futuro. Y vaya si vale la pena.

 

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