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Nuestra capacidad para entender a los perros, ¿es aprendida o es un rasgo evolutivo?

Un estudio indaga si la habilidad de reconocer las expresiones faciales de los perros es natural o se adquiere a través de la experiencia. 

Desde hace más de 40.000 años los seres humanos interactuamos con los perros y compartimos con ellos una coexistencia afectuosa y —la mayor parte del tiempo— pacífica. Para este proceso fue muy importante, sobretodo en términos adaptativos, poder reconocer sus emociones.

Recientemente, un grupo de investigadoras estudió exhaustivamente la capacidad humana de reconocer las expresiones faciales asociadas con las emociones de los perros. Los resultados mostraron que, si bien algunas emociones como la ira o la felicidad eran fácilmente identificables, la gran mayoría de ellas eran adquiridas a través de la edad y la experiencia.

En este estudio publicado en Nature, se les mostró a los participantes fotos de perros, humanos y chimpancés manifestando diversas emociones —felices, tristes, enojadas, neutrales o temerosas—. Luego se les pidió que evalúen la emoción expresada y el contexto en el que se tomó la foto.

Los participantes eran niños y adultos con diferentes niveles de experiencia general con perros, ya sea por poseer o no mascotas hasta por diferencias culturales, como la de crecer o no en un entorno en el que los perros son valorados e integrados en la vida humana.

Encontaron que la capacidad de los niños para reconocer las emociones de los caninos fue similar en todos los participantes, independientemente de la experiencia general con ellos. Mientras que en los adultos la probabilidad de reconocer emociones fue mayor cuando habían crecido en un contexto cultural con una actitud positiva hacia los perros, independientemente de si ellos mismos tenían uno.

"Esto sugiere que no es necesariamente la experiencia directa con los perros lo que afecta nuestra capacidad de reconocer las emociones caninas, sino más bien el entorno cultural en el que nos desarrollamos", sostiene Federica Amici, investigadora del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva y quien dirige el estudio.

Por otra parte, también observaron que, sin importar la edad o la experiencia, todos los participantes podían identificar la ira y la felicidad de manera confiable. Y exceptuando esas dos, los niños en general no fueron bueno identificando emociones; lo que sugiere que la capacidad de comprender cómo se sienten los perros no es una habilidad innata.

Investigaciones futuras deberían indagar particularmente qué aspectos culturales afectan esta capacidad; no solo para comprender mejor la variación intercultural en el reconocimiento de emociones sino también para facilitar la comunicación interespecífica y reducir los incidentes con perros causados por nuestra incapacidad de leer las señales de estos últimos.

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