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El lado menos conocido de San Martín: carpintero, apasionado por la jardinería y muy cariñoso con sus nietas

"¿Sabías que San Martín tocaba muy bien la guitarra? Y que pintaba marinas, le encantaba la jardinería y, que a sus dos nietas les hizo en madera unos pequeños muebles para las muñecas. San Martín era carpintero y un gran coleccionista de libros"

¿También era carpintero? Sí, y un gran coleccionista de libros.

Felipe Pigna es uno de los hombres que más sabe sobre San Martín. En diálogo conA24.com, reseñó un perfil más humano del prócer haciendo hincapié en el hombre, el padre y, en los últimos años, el abuelo.

"San Martín amaba leer. Era su primer gran hobbie. Sabía inglés, francés, italiano y tenía una mirada un poco renacentista en sus gustos: le interesaban los libros esotéricos, religiosos, de tácticas militares, filosofía, pero también los más mundanos sobre relojería o carpintería".

El historiador remarcó que fue un gran fundador de bibliotecas, como las de Mendoza, Lima y Santiago de Chile. “Cada tanto donaba todos los ejemplares que tenía en su casa, y volvía a comprar los que consideraba imprescindibles, como El Quijote, del que era fanático, las Cartas Filosóficas de Voltaire o El contrato social de Rousseau”.

En sus últimos años de vida, había quedado ciego. Pigna hace referencia a “la misma ironía que escribió Borges: tenía a la vez los libros y la noche". Fue su hija Merceditas la que le leía durante horas, incluso los diarios que llegaban, en barco, desde el Río de la Plata.

Merceditas fue su incondicional, su gran compañera, aun cuando el general se perdió toda su infancia, ya que a los 4 meses de su nacimiento, el 24 de agosto de 1816, San Martín tuvo que trasladarse a Buenos Aires. Recién volverían a verse después de 7 años. Es por eso que en la provincia de Mendoza, en la fecha en que nació Merceditas, se celebra el día del padre.

En Francia, su hija estaba preocupada por su salud. Don José además sufría asma, reuma y úlceras. Ella se desvivía por él y lo ayudaba a escribir las cartas.

Pigna cuenta que una de las últimas fue dirigida a Bernardo O'Higgins. “El militar chileno le había preguntado si era feliz y el general le respondió que estaba con su familia, con sus nietas adoradas, que se sentía bien, aunque le faltaba su lugar en el mundo, y ese lugar, era Mendoza”.

Pero al historiador le sorprendió, en especial, la relación que tenía con sus dos nietas, María Mercedes y Josefa Dominga, a quien le decían Pepa.

“Don José era un abuelo amoroso, que le dedicaba su tiempo a relatarles maravillosas aventuras y que dejaba que las nenas lo perturben en sus horas de lectura”.

Pigna rescató esas historias en su nuevo libro "Los cuentos del abuelo José", donde retrata una anécdota de cuando Sarmiento pasó por Boulogne Sur Mer para visitar a San Martín: "Sarmiento vio que las nenas estaban jugando con las medallas de la Batalla de Bailén, una distinción que le dio España por haber derrotado al Ejército de Napoleón”. Según el historiador, a Sarmiento le pareció casi un sacrilegio que las honorables preseas estén por el piso y el abuelo José respondió: "Esas medallas son bagatelas. ¿Para qué pueden servir esas bagatelas, si no sirven para entretener a dos niñas?".

Por Susana Tonelli

Fuente: A24

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