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Redoblar el amor: primero adoptaron a un nene de ocho años y después a una chica de trece

Luis y Leo están juntos desde 2010. Cuando se sancionó la ley de matrimonio igualitario, se postularon para la adopción de Nazareno y más tarde, llegó a sus vidas Mona para enseñarles a ser papás de una adolescente.

Leo y Luis se conocieron por las redes sociales en 2010 y desde ese momento empezaron a proyectar sus sueños juntos. "Enseguida nos dimos cuenta de que teníamos las mismas ganas de formar una familia. En el año de la promulgación de la ley de matrimonio igualitario, comprendimos que las esperanzas de poder adoptar, podían convertirse en realidad", cuenta Leo por teléfono desde Neuquén.

Tenían más de cuarenta y un deseo irrefrenable de darle una familia a un chico. No les interesaba que fuera un bebé. "Nos anotamos en el Registro Único de Adopción en Neuquén en 2013. Nosotros ya convivíamos hacía tres años, y era una opción adoptar chicos más grandes por la simple razón de que sabíamos que la gran mayoría quiere chicos más chicos. Nuestro deseo más genuino era ayudar a una niño que viera difícil o lejana la adopción y convertirlo en nuestro hijo".

En febrero de 2014, la pareja es convocada para una terna de adopción de un nene de ocho años. "No sabíamos nada de él, pero nos entusiasmaba tener esa posibilidad. Desde la primera entrevista hasta abril fue como un parto. Estuvimos esos meses esperando el llamado que finalmente llegó: habíamos sido seleccionados y la felicidad era inexplicable".

A las semanas, se conocieron con Nazareno y el encuentro fue perfecto. Habían tenido un poquito de ayuda que fue una casualidad que hizo que pudieran mimarlo desde el comienzo. "Con mis padres y mis hermanos siempre colaborábamos con diferentes hogares. Cuando nos anotamos en registro, dejamos de ir para no entorpecer el proceso, porque no sabíamos si alguno de los chicos a los que visitábamos terminaría convirtiéndose en nuestro hijo".

El nombre del chico trascendió y entonces, cuando la familia visitó como usualmente lo hacían -ya sin Luis y Leo - preguntaron por él. "Se enteraron de qué cosas le gustaban. Eso paso unos días antes de que nos conociéramos con Naza. Nos dieron unos tips como que era fanático del hombre araña, que le encantaba la plastilina y allí fuimos con sus juguetes favoritos. Ni bien llegamos nos pusimos a jugar y fue muy emocionante. La sonrisa de Naza de esa tarde quedó para siempre grabada en la memoria".

Enseguida se generó un vínculo muy fuerte entre los tres. "Cada vez que volvía al hogar, después de pasar la tarde con nosotros, se ponía muy mal. Lloraba, no quería bajarse de nuestro auto. Entendíamos los tiempos judiciales, pero él se angustiaba así que después de unas semanas se quedó en casa".

El nene se integró rápidamente a la familia y la pareja empezó a soñar con la posibilidad de una nueva adopción. "Somos muy unidos con nuestros hermanos y por eso creíamos que era bueno para él también vivir la experiencia. Una vez, a las pocas semanas de vivir con nostros le preguntaron como se llamaba Luis y él respondió 'mi papá'", recuerda Leo.

Así como rápidamente se sintió feliz en su nueva familia, Nazareno también mantiene una gran relación con la última familia de acogimiento con la que vivió. "Él paso por tres familias, dos hogares, y se siente muy contenido por nosotros. A la última pareja de acogimiento les decía papá y mamá. Nosotros queremos que mantenga el contacto con ellos porque creemos que toda la gente que lo quiere, suma en su vida".

La llegada de Mona

Mona vivía junto a sus seis hermanos en un hogar en Luján. Estaba institucionalizada desde los tres años y esperaba por una familia. Su historia llegó a oídos de Luis y Leo por una pareja que había adoptado a tres hermanos adolescentes con los que ahora viven en Neuquén. "Nos llamaron para contarnos de ella, pero al tener a Nazareno, se nos hacía imposible ir a visitarla. En diciembre de 2017 Mona vino a la provincia a visitar a su hermano, que también había sido adoptado por una pareja de acá. La idea era que se quedara diez días. Sabiendo que nosotros estábamos acá, nos propusieron que nos vinculemos en ese tiempo y aceptamos".

De ser la menor, Mona se convirtió en la mayor. Para ellos, criarla es un desafío porque con 13 años, es una adolescente. "Se nos hizo difícil porque vino con más resistencia, pasó prácticamente toda su vida allí. Desde febrero de 2018 vive con nosotros. Con Nazareno se aman y se pelean como todos los hermanos. Con ella trabajamos un montón de cuestiones básicas que uno toma como habituales, pero que son cosas que se arrastran de chiquito. Mona quiere dar vuelta la página y cambiar su nombre, además de usar nuestro apellido. Nosotros somos felices con nuestros hijos, con haber formado esta familia".

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