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Por Facundo Lucero.

¿Qué quieren los gigantes en Venezuela?

No sólo el petróleo.

Luego de la autoproclamación de Juan Guaidó como Presidente Encargado de Venezuela, una gran mayoría de países se manifestaron en relación a este acto, avalándolo y reconociendo al Presidente de la Asamblea como autoridad máxima de la nación, o negándolo y manteniendo el reconocimiento a Maduro.

Sin embargo, algunas potencias foráneas fueron más enfáticas que otras, llegando al punto de brindar ayudas materiales para el agotamiento del régimen o su sostenimiento. Particularmente nos concentraremos en los dos países más poderosos del mundo, Estados Unidos y China, los cuales tienen vínculos estrechos e intereses definidos en Venezuela, y son determinantes en el resultado final de este proceso político. No estaría mal si se resume en pocas líneas que están ahí por el petróleo, sin embargo resulta necesario completar esa respuesta relacionándola con sus estrategias de política exterior a nivel global, para entender un poco más de lo que quieren.

Los principales analistas internacionacionales entienden que nos encontramos en un proceso de cambio en el liderazgo mundial, debido al rápido e incontenible ascenso de China como potencia económica y también política. El país asiático, desde el inicio de su modernización económica en 1978, creció a un ritmo sin comparación, el cual se aceleró a partir de la década del 90. Para tener dimensión, En 1990 la economía brasileña era 28% más grande que la china; mientras que en 2017 la economía china fue seis veces superior a la brasileña. [1] Durante este tiempo el dragón montó relaciones comerciales, de abastecimiento de materias primas y provisión de productos manufacturados con gran parte de los países del mundo. Actualmente es el principal socio comercial de 130 de ellos. Esta red de socios tiene una importancia multinivel para China. Por el lado económico, asegura los insumos necesarios abastecer a la industria y los mercados para sus exportaciones, en otras palabras permiten que el nuevo “taller del mundo” se mantenga funcionando. Y por el político, estos socios apoyan a China porque generaron dependencia hacia ella. Estas naciones son, en general, economías chicas que podrían verse en serios problemas si China les deja de comprar o de vender. Billetera mata galán.

Venezuela es importante porque se endeudó con China a cambio de petróleo, y otro gobierno con otras prioridades podría dejar de pagar. Pero además, es un socio estratégico de la red con alta dependencia. Uno de los países más ricos en una región rica en recursos naturales y un amigo con influencia en todo el caribe y américa del sur. Un voto que arrastra varios en una zona que hasta hace poco era definida como el “patio trasero de Estados Unidos”.

Los americanos, por su parte se encuentran en la encrucijada de ver declinar su supremacía internacional y al mismo tiempo no querer seguir invirtiendo recursos en mantener compromisos internacionales. El gobierno de Trump fue votado para ocuparse de “América Primero” y su electorado no ve con buenos ojos que dinero y tropas estadounidenses sigan de gira intentando solucionar (o influir) en los problemas del mundo. Por ello es que Estados Unidos ha reducido su presupuesto en programas de asistencia o ayuda exterior, sea social, económica o militar. Por un lado tiene que contener el avance Chino, pero al mismo tiempo retraerse, dos tareas casi imposibles de equilibrar.

Venezuela viene siendo desde la Revolución Bolivariana una piedra en el zapato del Tio Sam. Porque si bien, en los hechos, existe una plena sociedad comercial (EEUU compra el 40% de la producción de crudo venezolana, siendo cliente número uno) en el discurso, el chavismo-madurismo se ha manifestado como el principal gobierno anti-imperialista de Sudamérica y algunas políticas económicas han fastidiado a empresas estadounidenses que invertían en la región, principalmente por expropiaciones y asociaciones forzosas con el Estado. En otras palabras, Washington soportaba el discurso porque los negocios eran prósperos, de cualquier manera.

Sin embargo, a raíz de la protesta social se abre una ventana de oportunidad para que el gobierno cambie. La Asamblea Nacional está urgida de apoyo internacional, y darle una mano en este momento de premura a la oposición, podría hacer que cuando sean gobierno, tengan en favor a los Estados Unidos que tanto los apoyaron en su lucha.

Para Estados Unidos también es importante el petróleo, pero más importante es desactivar una célula de conflicto en su zona de influencia más próxima y que peligra por el avance chino. Chávez fue el organizador de instituciones sudamericanas que se vanagloriaban de no dialogar y no necesitar a Estados Unidos, socavando abiertamente su poder y abriendo canales con Pekín. Trump está dispuesto a hacer todo lo que esté a su alcance para que Maduro se vaya del poder y venga un gobierno afín. Inclusive a resignar momentáneamente el mejor negocio que tenían con el país caribeño, como puede notarse en las sanciones impuestas al petróleo venezolano.

En resumen, tanto China como Estados Unidos están ahí por la provisión de un recurso estratégico para el funcionamiento de sus maquinarias industriales. Sin embargo, Venezuela excede en importancia a su petróleo, cuando incluimos en el análisis a la geopolítica. Los gigantes quieren un gobierno que les ofrezca influencia en la región como parte de una disputa de poder que abarca a todo el mundo.

La batalla por la hegemonía mundial hoy no es una partida de ajedrez, es una de “Go”. Un juego oriental muy antiguo, donde no gana quien destruye irreversiblemente a su adversario, sino quien lo cerca estratégicamente, inmovilizándolo sin pelear.

[1] Oviedo, E. “América Latina en la mira”. Le Monde Diplomatique, edición para el Cono Sur. Enero 2019.

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