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Macri tuvo su propio superclásico en Olivos: jugó un partido con exfiguras de Boca y de River

No podrá ir el sábado al Monumental de Nuñez, por la prohibición vigente para los hinchas visitantes, y obviamente por el cargo que ocupa. Pero el presidente Mauricio Macri se dio el gusto de "jugar" su propio Boca-River, anoche, en la quinta presidencial de Olivos.

El Presidente compartió un picadito con exjugadores de los clubes que se enfrentarán el sábado en la final de la Libertadores Fuente: Archivo

No podrá ir el sábado al Monumental de Nuñez, por la prohibición vigente para los hinchas visitantes, y obviamente por el cargo que ocupa. Pero el presidente Mauricio Macri se dio el gusto de "jugar" su propio Boca-River, anoche, en la quinta presidencial de Olivos.

Mucho se dijo de la abierta "enfermedad" del Presidente por Boca, el club que presidió entre 1995 y 2007. Quedaron en el recuerdo sus cargadas a los ministros en el gabinete, su promesa de "no dormir" por tres semanas por la preocupación que genera el partido, y el uso del término "culón" para referirse al director técnico millonario, Marcelo Gallardo. Tal vez por eso, la Casa Rosada organizó un superclásico atípico, con funcionarios y ex jugadores de los dos equipos mezclados.

Por la banda millonaria estuvieron viejas glorias como el arquero Ubaldo "Pato" Fillol, el ex volante Néstor Gorosito, y los defensores Roberto "Ratón" Ayala y Roberto Trotta, mientras que por el club xeneize dijeron presente el ex volante colombiano "Chicho" Serna, Esteban Lapaglia, Aníbal Matellán y Antonio "Chipi" Barijho, todas estrellas que pasaron por ese club mientras Macri lo conducía.

Muchos de los habituales participantes de los "picados" de los miércoles, en los que se enfrentan Casa Rosada con funcionarios de otras administraciones y es organizado por el vocero presidencial Iván Pavlosky, no fueron invitados para hacerle lugar a los símbolos de los clubes que el sábado jugarán la segunda y decisiva final de la Copa Libertadores.

Según testigos del encuentro contaron a La Nación, el Presidente jugó todo el partido en su habitual puesto, de distribuidor de juego en la mitad de la cancha. De buen humor y despliegue a pesar de las sucesivas operaciones de rodilla, metió un par de "habilitaciones" certeras a sus delanteros, y hasta en algún momento se enojó por un gol errado. Todo terminó con un asado compartido, y en un clima distendido.

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