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Si sabemos que dormir es tan bueno, por qué nos empeñamos en no hacerlo

Entre una larga lista, dormir te ayuda a aumentar la creatividad, te hace más productivo, mejora tu pelo y tu piel, incrementa tu poder de seducción, es beneficioso para memoria, para el corazón, reduce la depresión y te ayuda a ser más sociable.

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Si estás en la cama leyendo este artículo, por favor, deja tu teléfono ahora mismo. En serio, apágalo. Tener un buen sueño nocturno es tan importante como ir al gimnasio. Y las pantallas de los móviles emiten un alto nivel de luz azul, un tipo de la iluminación que el cerebro interpreta como luz diaria que desajusta nuestro ritmo circadiano y, por ende, afecta nuestro sueño. Y no dormir bien eleva el riesgo de sufrir enfermedades como diabetes u obesidad, según advierte la Universidad de Harvard. Así que pon el móvil a cargar en la otra habitación y pon la alarma en un reloj despertador para evitar la tentación de terminar este interesante artículo.

Dormir es una de las actividades más sencillas y baratas para la salud: reduce nuestros niveles de estrés, controla la obesidad e incluso minimiza las posibilidades de sufrir problemas cardiovasculares. Diversos estudios médicos también han demostrado que un buen descanso mejora el desempeño deportivo, además de fortalecer la memoria y la productividad. Todos estos sorprendentes beneficios están a nuestro alcance y no hay que pagar un duro por ellos. Pero entonces, ¿por qué estamos tan empeñados en no dormir si genera tantos beneficios?

Vivimos atrapados en la sociedad del insomnio. Lejos queda aquella reclamación del Siglo XVIII y materializada en el XIX de la jornada de ocho horas, reivindicación del movimiento obrero de dividir los días en ocho horas de trabajo, ocho de descanso y ocho de entretenimiento. Suerte tiene aquél que se va a casa tras estar ocho horas en el trabajo, hora de comida incluida. Y dichoso aquél que dedica menos de 62 minutos diarios en Madrid para llegar al trabajo y que, además, puede dedicar ocho horas después a realizar las actividades que más le plazcan sin tener que robarle algunas horas al sueño.

Solo hay que ver los millones de fotos que circulan por internet de oficinistas japoneses apoyando la cabeza sobre cualquier acera u hombro ajeno en el metro. Y cuidado, no vale el tópico de que los japoneses trabajan mucho más porque no es cierto. Mientras que el españolito medio echa unas 1.680 horas anuales, el nipón medio se pasa unas 1.710 horas en la oficina, es decir, sólo un 1,7% más. Y es que las luces artificiales nos permiten hacer actividades durante la noche que antes sólo se podían hacer de día, lo que ha derivado en que ampliemos nuestro tiempo de asueto en detrimento de las horas de sueño.

No por mucho madrugar eres más eficiente


"A quien madruga Dios le ayuda", pero recuerda que “no por mucho madrugar amanece más temprano”. El refranero español es tan extenso que en múltiples ocasiones –como esta– resulta contradictorio. Pero en este caso, se puede decir que hay una tendencia generalizada a alabar al madrugador como un gran trabajador, mientras que se aborrece al dormilón como un vago redomado.

¿Pero y si estamos equivocados? Dormir es tan necesario como comer o beber agua. No está claro cuántos días puede aguantar una persona sin dormir, el récord está en 11 días seguidos. Sin embargo, al pasar tan solo tres días sin dormir empezamos a empezar episodios de paranoia y psicosis, además de sufrir una actitud depresiva y ansiedad. Y, sin embargo, nos emperramos en que descansar poco es sinónimo de triunfo...
 
Cientos de artículos pululan por la red asegurando que si hay una característica que une a todas las personas de éxito es que se despiertan superhipermega temprano. Tim Cook, el CEO de Apple, dice que se despierta a las 3:45 de la mañana; Richard Brandson, fundador de Virgin dice que a las 5:45 ya está en marcha y Jeff Immelt, el CEO de General Electric, asegura estar en pie a las 5:30. ¿Es qué es obligatorio no dormir para lograr tener una carrera exitosa?

Pues no, no lo es. Muestra de ello es que el insomio cuesta unos 63.200 millones de dólares al año en Estados Unidos por pérdida de productividad, según un estudio. Y también hay gente de éxito que ama dormir. Ahí están –entre otros– Mark Zuckerberg, que se levanta a las 8 de la mañana o Pharrel Williams, quien afirma ponerse en pie a las 9 de la mañana sin necesidad de activar el despertador. Vamos, que no importa a que hora te despiertes con tal de que tengas un buen sueño.

Ahí esta la famosa anécdota de Miguel de Unamuno, escritor de la Generación del 98 y rector de la Universidad de Salamanca, a quien una vez un joven le pregúntó cómo una "persona tan inteligente podía dormir tanto", ya que se rumoreaba que Unamuno descansaba hasta once horas todos los días.Ante la afrenta, se dice que Unamuno respondió algo así como: “Sí, duermo mucho, es cierto. Pero cuando estoy despierto, estoy mucho más despierto que usted”.
 

¿Qué pasa en nuestro cerebro cuando dormimos?


“Dormir es para debiluchos”, decía Margaret Thatcher y “es una horrible pérdida de tiempo heredada de nuestro tiempo en las cavernas”, ladraba Tomás Edison. Si es una tontería tan grande, ¿por qué diantres dormimos? ¿Qué pasa en nuestro cerebro durante esas 6 u 8 horas en las que estamos forzados a cerrar los párpados y que practicamos cada día?

Primero, los científicos no tienen del todo claro por qué dormimos. No obstante, los investigadores creen que lo hacemos para ayudar a nuestro cuerpo y cerebro a recuperarse. Experimentos han evidenciado que mientras dormimos las neuronas limpian la 'base de datos' de información para estar frescos a la mañana siguiente.

Explicado de manera sencilla y a riesgo de no sonar muy científico, las neuronas durante el día recolectan información y engordan, pero luego por la noche adelgazan. Según esta teoría conocida como la "hipótesis de la homeostasis neuronal", este proceso desempeña un papel importante para fijar la memoria y mejorar el aprendizaje, ya que la información importante que hemos aprendido queda grabada en el cerebro, mientras que lo irrelevante es desechado.

Hacer esta especie de reseteo es fundamental para nuestro cuerpo que ofrece todos estos beneficios a cambio de dedicarle tan sólo necesitamos un mínimo de 7 horas diarias. La pregunta es por qué teniendo una opción tan increíble nos empeñamos en estar todo el rato despiertos.

 

 

 

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