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COPA ARGENTINA

La Copa Argentina, ese torneo que Guillermo también desea y en el que Boca no quiere dudas

Guillermo Barros Schelotto, ante el primer reto de la temporada.

No hay dudas de que tanto Independiente como River metieron presión a los clubes de Primera e impusieron una sentencia: con sus victorias 8-0 (a Central Ballester) y 7-0 (a Central Norte), respectivamente, avisaron que la Copa Argentina es una competición en el que la paridad y el miedo de los "grandes" a recibir una sorpresa ingrata existen, pero también que si se aprieta el acelerador a fondo la diferencia de jerarquía queda muy en evidencia. Boca debutará esta noche ante Alvarado , de Mar del Plata (a las 19.10), no solo en medio de ese panorama, en el que será probado luego de tantas incorporaciones de peso, sino ante la necesidad de ganar para sumar confianza a una semana de jugar ante Libertad, de Paraguay, por Copa Libertadores.

Cada forma va de la mano con una consecuencia. Ganar, para el equipo de Guillermo Barros Schelotto , significaría la buena sensación del deber cumplido. Golear le daría mucha confianza y convicción de cara al inminente reinicio del máximo objetivo del plantel: el certamen continental. Pero una derrota inesperada en la Fortaleza de Lanús desnudaría dudas inoportunas de cara a lo que una semana después se vivirá en la Bombonera en el encuentro de ida de los octavos de final. Porque el Mellizo pondrá hoy un equipo casi idéntico al que recibirá a los paraguayos, y titubear en la previa de un compromiso fundamental no es ideal.

De hecho, fue aquello lo que proporcionaron en la Ribera las últimas dos eliminaciones del torneo más federal del país ante un equipo siempre peligroso como Rosario Central: ni que hablar lo que puede generar un conjunto marplatense humilde. Y es eso justamente lo que en Boca no quieren. Por eso es que poner a los mejores hombres (incluso Carlos Tevez sería suplente) es un arma de doble filo: dará buenas sensaciones si sale bien y será un dolor de cabeza si termina mal, más allá de que en el medio esté el debut por Superliga, ante Talleres, para recuperarse.

Aquellos dos golpes ante los rosarinos fueron las únicas dos ediciones que el técnico boquense disputó a cargo del banco de suplentes azul y oro. La del 2016 fue la más dolorosa de todas, ya que Boca no tenía otra alternativa que ganar el certamen para poder disputar la Libertadores del siguiente año: el por entonces conjunto de Eduardo Coudet lo venció 2-1 en los octavos de final, en el Estadio Mario Alberto Kempes, y el xeneize no tuvo participación internacional en 2017, además de haber sido el resultado que terminó de impulsar a Carlitos al fútbol chino por un temporada. Dudas y problemas por doquier.

En noviembre del año pasado, los hombres de los mellizos Barros Schelotto tampoco pudieron con el Canalla, por la Copa Argentina, pese a transitar uno de los mejores momentos del ciclo de Guillermo como entrenador del xeneize: el comienzo de su equipo en el torneo doméstico había sido arrollador y en ese contexto se volvía a cruzar con Central, aunque en cuartos de final. Sin embargo, no hubo respuestas y el duelo entre ambos se quedó otra vez en Rosario (1-0).

Para muchos la Copa Argentina es un torneo de poco valor y, a veces, sirve de premio consuelo ante otros fracasos. Incluso para Boca es el menor de los objetivos que perseguirá en este semestre, en el cual los mayores intereses están sobre la definición de la Copa Libertadores que tanto ansía luego de 11 años de sequía y el inicio de la Superliga, en la que buscará el tricampeonato doméstico por primera vez en su historia. Encima, el atractivo mayor por levantarla (el club no la consigue desde 2015) es la clasificación a la competición continental del año que viene, algo que el xeneize ya logró con la última obtención del torneo local. Sin embargo, en Guillermo hay un deseo de ganarla. Más allá de la sentencia que existe, la cual dice que la entidad de la Ribera debe pelear todo lo que tenga enfrente, es una pequeña deuda del entrenador: este certamen siempre le fue adverso, incluso cuando dirigió a Lanús.

La que se disputó entre 2014 y 2015 fue en la que más cerca estuvo: el equipo que hoy dirige (por entonces el técnico era Rodolfo Arruabarrena) le ganó 2-0 en las semifinales con un gran rendimiento de Tevez y el Granate se quedó en las puertas de la final. Y las dos experiencias anteriores a esa no fueron para nada destacadas: Atlético Rafaela, en la 2012/2013, y Colón de Santa Fe, en la 2013/2014, lo dejaron en el camino en los dieciseisavos de final.

Hay otros dos factores que inciden fuertemente para que los mellizos no la dejen de lado. Por una parte, nada asegura que su elenco tenga éxito en los dos principales objetivos anteriormente mencionados. Está claro que solo ganar la Copa Argentina no conforma a nadie: los hinchas, en sus preferencias, coinciden lógicamente con la escala de prioridades de metas. Pero si las cosas no salen como todos esperan, antes que quedarse con las manos totalmente vacías, es preferible un festejo. Sobre todo si, por otra parte, en Núñez cosecharon las últimas dos ediciones e irán por la tercera consecutiva, obligados todavía más si no ganan la presente Libertadores. Y en el xeneize intentarán cortar con esa racha.

La Copa Argentina, ese torneo que Guillermo también quiere obtener y en el que Boca no quiere encontrar dudas en la antesala de la reanudación de la Copa Libertadores.

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